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La Arquitectura,
compañera de viaje.
Mª Victoria Morrás Zuazo
DECANA-PRESIDENTA DEL COLEGIO OFICIAL DE ARQUITECTOS VASCO-NAVARRO.
Participar en este Catálogo presentando
la exposición de Jokin Leniz es para mí una gran satisfacción,
pues se trata de una exposición de dibujos que un Arquitecto
dedica a Bilbao o, si se quiere, que Bilbao ha inspirado a un Arquitecto.
No es fácil expresar con palabras las
sensaciones y los recuerdos que evocan estos dibujos de edificios,
vistas panorámicas o rincones entrañables de nuestra
ciudad.
Por esta razón, tener ahora la oportunidad
para intentarlo confieso que me produce una emoción insospechada,
comparable al pago de una deuda largamente acumulada que de pronto
se revelase consciente y, al mismo tiempo, me hiciese comprender
que soy la principal beneficiaria. Y todo ello, gracias a unas imágenes
que hacen presente, de nuevo, lo que creí conocer.
Por otro lado, como profesional de la Arquitectura
y receptora del notable influjo que ejerce el legado de Arquitectos
como Achúcarro, Amann, Galínez o Ispizua, por citar
unos pocos ejemplos, atender ahora al excepcional testimonio que
estos dibujos ofrecen sobre algunas de sus mejores obras es una
responsabilidad ineludible que asumo con el mejor ánimo.
Estos dibujos de las arquitecturas y paisajes
urbanos de Bilbao no piden ser contemplados como proyectos, ni como
medios o instrumentos para la planificación de un territorio.
Tampoco parecen obedecer a una vocación meramente técnica
y descriptiva de los edificios como obras construidas, o como productos
acabados y disponibles para su comercialización, ocupación
y uso. No son, pues, dibujos destinados a crear expectativas técnicas
o económicas ni, por otra parte, ilusiones utópicas
o especulaciones urbanísticas sobre la ciudad que ha de ser
o pudiera haber sido. Más bien, a mi modo de ver, los dibujos
de Jokin Leniz son expresión del objeto arquitectónico
ejerciéndose en toda su complejidad. La riqueza de registros
de la Arquitectura no solo se limita a los aspectos puramente formales,
y este artista lo sabe. Sus dibujos aciertan a captar tal complejidad
y la insinúan como vitalidad propia de un proceso formativo
y abierto, en el que el ámbito de lo urbano hubiera de reafirmarse
y consumarse con el paso y, también, con el peso del tiempo.
Proceso que vendría a ser, a fin de cuentas, el eje conceptual
que da sentido al hecho arquitectónico y, por extensión,
a ese fenómeno imponente que llamamos ciudad.
En este sentido, los dibujos que ahora se exponen
estarían dando testimonio de la Arquitectura en tanto conformadora
de ciudad, esto es, de un lugar habitable, armónico y civilizado
que, sabiamente, se somete al tiempo para registrarlo como patrimonio.
Aquí, las arquitecturas, trozos de ciudad,
o rincones más o menos característicos de Bilbao,
se nos muestran como testigos no ya de unas épocas históricas
determinadas, sino del tiempo que acumulan y los ha esculpido como
tales. Tiempo que, en cada momento, nos dice "en presente"
cómo es tal o cual objeto o ambiente urbano. El tiempo es,
por tanto, quien nos muestra en estos dibujos la presencia de la
Arquitectura, su aquí y ahora, poniendo en evidencia a su
vez la mutua relación que existe entre la ciudad y sus habitantes.
De alguna manera las obras de Jokin Leniz nos
hablan de la compleja relación que el tiempo arbitra entre
el hombre y el objeto arquitectónico en cuanto "habitantes"
de la ciudad que ambos conforman. Sus dibujos captan, en este sentido,
un momento particular de ese proceso continuo; instante que, aún
habiendo sido azarosa y caprichosamente elegido, posee sin embargo
toda la carga y el poso de otros momentos ya perdidos.
Es así como nos encontramos ante los
rostros o las "caras" -ya no tanto fachadas- de unas arquitecturas
sorprendidas en el acto mismo de componer una escenografía
urbana que, en su condición de dibujada y supuestamente estática,
nos invita, y a la vez nos fuerza, a indagar en sus distintas partes
y detalles. Esos detalles en los que, quizá no habíamos
reparado arrastrados por las exigencias de lo cotidiano, o bien,
en el caso concreto de los Arquitectos, por causa de nuestra inevitable
y distanciadora tendencia a su análisis puramente racional,
ya sea en el ámbito constructivo, compositivo o histórico.
No obstante, se nos dice aquí, cada edificio y cada uno de
sus detalles tienen una vida propia que excede a las previsiones
de su creador y a la clasificación técnica o documental.
Bajo este punto de vista, estos dibujos nos invitan a una contemplación
más emocional que disciplinaria de la Arquitectura, más
amable y poética que funcional.
Nos enseñan, por resumirlo en pocas
palabras, posturas que la Arquitectura es capaz de adoptar para
nosotros si nos atrevemos a mirarla como amigables compañeros
de viaje que, como ella, han de asumir el paso del tiempo sin perder
la dignidad.
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